¿Porqué hay tantos casos de violencia adolescente?: la prevención empieza en la infancia


El problema empieza cuando la descarga del enojo no puede ser verbalizada.

 

Cuando ocurre recurrentemente en el hogar, la situación se “normaliza”, o naturaliza

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Los fenómenos actuales de lo que parecería ser un incremento de las expresiones de ira constituyen el reflejo de un clima social actual, en el cual cada vez más asistimos al resquebrajamiento del lazo social y, como consecuencia de ello, la persona, su subjetividad, queda por fuera de lo que la enlazaba de manera simbólica y relacional a sus semejantes.

Esto lleva a la anomia de la que hablaba el sociólogo Emile Durkheim, en la cual se pierde la cohesión social y se produce el desmoronamiento de los valores que permiten un contrato social implícito de convivencia que dé sentido a una pertenencia social. Frente a dicha anomia, la persona se siente marginada e impotente y su reacción puede ser entonces de ira y de violencia, como respuesta equivocada.

 

La ira: un fracaso

 

La ira es el fracaso de la posibilidad de resolución de conflictos por vía de la palabra, en un contexto de desligazón social y pérdida de sentido grupal, donde se ha resquebrajado el contrato social, la persona no admite renunciar a sus pulsiones y la caída del valor de la palabra la compele al pasaje al acto incontrolado.

En “Malestar en la Cultura” , el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, ya había llamado la atención sobre la necesidad de renunciar en parte a la descarga pulsional directa para no caer en la barbarie. Es el precio y el tributo que la persona debe aportar para que se pueda funcionar en sociedad de manera civilizada, es decir, sujeta al Código Civil, pero sobre todo a la ley simbólica de la prohibición de agredir al otro.

La persona  no puede constituirse de manera aislada, la persona se constituye en una permanente interacción con el otro. Cuando el lazo social se desagrega,  tiene una implicación directa en la construcción del psiquismo de la persona.

La herida narcisista( narcisismo entendido como autoconcepto, autoimágen) de la exclusión del lazo social puede desencadenar una reacción violenta por parte de personas que sienten desesperación ante su vivencia de impotencia.

La ira sería así una expresión pulsional directa de un sentimiento de impotencia.

 

 

descargaNo sentirse respetado y tenido en cuenta como ciudadano, o incluso como cliente de servicios que no se brindan ,aunque se paguen, de manera directa o indirecta por intermedio de impuestos (salud, educación, transportes), atenta a la percepción de la propia subjetividad,de la autoimagen  e incrementa la vivencia de impotencia de la persona.

La corrupción de ciertos dirigentes, la desvalorización del trabajo , de la formación , del esfuerzo,( muchos preadolescentes aspiran a entrar en un realitty como proyección de futuro)

La anonimización de las  reclamaciones,por ejemplo, confrontarse infructuosamente con un conmutador automático, situación en la que la única posibilidad es marcar un número presuntamente de reclamación  pero limitado a una máquina, hacer largas colas que podrían subsanarse fácilmente, perderse en el laberinto de la burocracia, atenta a la percepción de la propia subjetividad y tiene efectos disolventes para la persona, generando violencia y a veces reacción de ira como expresión de desamparo.

La persona se siente estafada por una respuesta que, en definitiva, equivale a una “no respuesta”. Es la caída de la palabra como mediadora de conflictos, lo cual puede desembocar en el  pasaje al acto violento como extrema tentativa de sentirse escuchado. La violencia como un desesperado intento de alcanzar el sentimiento de existencia, de ser alguien , de ser tenido en cuenta.

 

 

La persona presume, equivocadamente, que si el otro reacciona a su violencia,  existe:

al menos no se siente invisible.

 

 

 

 

La asociación del rifle de Estados Unidos surgió en tiempos del denominado “lejano oeste”, en los cuales cada uno se sentía con el derecho a usar armas en defensa propia, un resabio de la ley taliónica ,del “ojo por ojo diente por diente”.

La institución judicial nace para evitar justamente la ley taliónica. Si no se puede confiar en la misma como mediadora de conflictos, los litigios se hacen especulares y a la violencia del uno se responde con la violencia del otro en una espiral interminable.

Algunas personas suelen pensar que la violencia social se mitiga con la violencia de las fuerzas llamadas de seguridad. A mayor delito, mayor represión. No es que  los delitos no deban ser castigados, pero se olvida a menudo que el castigo debería estar asociado a políticas públicas a largo plazo para prevenir la violencia. Las mismas deberían comenzar en las escuelas infantiles,en actividades que  favorezcan  el vínculo entre madres y padres e hij@s, crisol de todos los sentimientos humanos, desde los más loables hasta los más sádicos.

 

 

 

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La violencia intrafamiliar es la que genera odio y una cierta “naturalización” de la violencia como modo de resolver conflictos y es, también, una modalidad que se transmite transgeneracionalmente.

Es probable que el niño sometido a violencia sea violento. Es la violencia intrafamiliar  la que habría que prevenir, dándole al niñ@ su verdadero estatuto de persona sujeto de derechos. Así como la violencia social que implica que haya niños desnutridos, en la calle o en situación de abuso.

El inicio de ésta violencia  es la no aceptación de la ajenidad del otro. Al niño se lo trata como un fetiche inanimado, como si fuera una parte del adulto. El niño no existe como un otro digno de respeto, sino como un objeto al que creen pueden manipular y maltratar al ritmo de las oscilaciones del adulto. La persona se siente con el derecho –como si su “ley” fuera “la” ley– de someter al otro a sus designios, el otro cosificado..

La manera de prevenir la violencia social es brindando al niño la posibilidad de ser nutrido, cuidado, educado, es decir, gozar de sus derechos de niño. Que su cuerpo sea respetado y se le brinde la posibilidad de expresarse a través de una palabra escuchada.

Si bien la violencia es inherente a la condición humana, lo interesante es qué hacer 
con ella.

Si la descarga del enfado  puede ser verbalizada, no se convertirá en una furia enquistada en el psiquismo.

La prevención de la violencia hacia la infancia es la mejor manera de mitigar la violencia social, haciendo de las personas ciudadan@s responsables.

No es una tarea fácil, pero requiere políticas a largo plazo que no se resuman a una acción meramente represiva.

En las sociedades desprovistas de sistema judicial, y por lo tanto amenazadas por la venganza, la misma se evacuaba a través del sacrificio ritual, de animales o incluso de seres humanos, en su mayoría niños, como en la antigua Grecia. Eran los chivos expiatorios.

La infancia ha sido desde el origen de la humanidad la que pagó el pato de la violencia social. No volvamos a la época del sacrificio, dejando a la infancia en situación de desamparo como diana de la violencia social. La sociedad está compuesta de niños y de adultos que alguna vez fueron 
niños.

 

 

¿Por qué hay tantos casos de violencia adolescente?

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Además de lo que acabamos de comentar , la mayoría de los especialistas coinciden en que la violencia adolescente tiene que ver, también ,con la diferencia entre el desarrollo físico y psíquico.

Influyen el contexto social, el alcohol y las drogas.Continuamente conocemos casos de violencia adolescente,los ejemplos sobran, menores   entre 14 y 17 años que -invadidos por la furia- se pelean a la salida de las discotecas , en fiestas privadas, colegios o clubes deportivos, peleas que en muchos casos son grabadas y cuyos vídeos se viralizan.

Los especialistas aseguran que la violencia tan extrema  en este grupo  de edad se da porque muchos jóvenes desarrollan antes la capacidad motora (como la fuerza y la lucha)  que la psíquica (la capacidad de poder analizar la situación). Es decir, actúan antes de pensar.

Todos los casos coinciden en la brutalidad de la violencia.

Los adolescentes experimentan cambios corporales como la fuerza y la capacidad de pelear antes que la de razonar. No lo pueden controlar, son edades en las que se consume mucho, eso hace que no sean dueños de sus actos, que bajen las inhibiciones,  el acto se adelanta al pensamiento.

 Es importante señalar que todos los expertos coinciden en  que estos actos violentos

no distinguen clases socioeconómicas.

 

Existe una violencia social imperante. Los  adolescentes  ven eso y lo absorben. Son  más vulnerables a la influencia externa y actúan sin reflexionar.

Es esperable que con el paso del  tiempo el desarrollo o la madurez psíquica se equipare a la motora.Cuando se alcanza la juventud plena, después de los 18 años,  deberían empezar a cambiar esas actitudes.

Aunque claro, esto  no siempre sucede,  y a veces habrá que plantearse intervenciones específicas para abordar el asunto,  para ayudarles a manejar impulsos , a reflexionar sobre sus emociones , a resolver conflictos de otra manera  y la empatía,  que se  enseña, y se aprende, como todas las cosas.

La violencia probablemente no desaparezca, la violencia cero es un objetivo utópico. Las pulsiones destructivas son inherentes al ser humano. Pero se pueden mitigar. Se requiere una reflexión muy amplia y políticas públicas de prevención.

 

 

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