SOLEDAD : La capacidad para estar a solas es un indicador de salud mental


 

La  soledad no suele estar bien vista, todos recordamos las reacciones que se producen cuando una persona anuncia que hará un viaje sola, o que quiere y le gusta vivir sola,  que encontrar pareja o compañía no está entre sus prioridades en un momento dado..

 

 

 No se valora positivamente la necesidad de introspección , de silencio para escucharse a una misma, en definitiva de soledad.

Soledad de la que puede emerger una mirada nueva ,o al menos renovada ,sobre el  presente y el futuro.

El psicoanalista Adam Phillips habla de “soledad fértil” y dice que es absolutamente esencial no solo para nuestra creatividad, sino también para el tejido básico de nuestra felicidad: “sin el tiempo y el espacio, sin la carga de lo externo y la tensión social, no podríamos habitar por completo nuestra vida interior, que es la materia prima de todo arte”.

Facundo Arena, especialista en creatividad  y autor del libro “Crear o Reventar”, repasa   la preferencia por la soledad de grandes creativos de la historia, que parecen coincidir en una realidad : “las mejores ideas aparecen en el momento menos pensado. La ciencia lo confirma, al comprobar que nuestro cerebro procesa la información en múltiples niveles. Y sucede que cuando “soltamos” un poco el pensamiento consciente, aparecen cosas muy creativas.

 

A todas y todos se nos ocurrió una idea  dando un paseo, meditando o incluso en sueños, momentos de soledad e intimidad donde la voz propia surge.

Desde las largas caminatas al alba de Nelson Mandela o su vida en prisión, hasta la soledad de Van Gogh en su asilo, han sido espacios prolíficos. Aunque esos eran espacios extraordinarios, podemos intentar generar horas, días o momentos de soledad intencional que propicien la introspección y que le suban el volumen a la voz interior.

 

Todos estos momentos tienen un denominador común: son momentos de baja presión mental y alta conexión interior.

 

Ambos factores facilitan los procesos de asociación y asimilación que generan las grandes ideas, o al menos las más originales. Pero, poder estar en soledad sin entrar en gran tensión con eso (sufrir ansiedad o depresión) no es algo fácil para todas las personas.

“La capacidad para estar a solas es un indicador de salud mental, no todas las personas saben o pueden estar solas. Como seres sociales buscamos estar con otros. Pero ya en la infancia se da una idea paradojal que habla de salud mental: cuando el niño puede estar a solas aún en presencia de la madre o que luego un adulto pueda estar a solas aún cuando hay otros alrededor sin mayor conflicto”, explica Jorge Catelli, psicoanalista.

 

 

Según Catelli, cuando se logra la capacidad de estar a solas, esa capacidad de introspección de poder mirarse es un indicador de salud, pero se ve en los pacientes mucha incapacidad para lograrlo. “En esta época en que está todo preparado para no estar nunca a solas, nunca aburridos, hasta el punto  de que lo más íntimo tiende a ser público, una soledad hacia el exterior, expuesta,  y muchas personas tienen terror de estar consigo mismas”.

Si logramos cierta maduración psíquica vamos a poder estar a solas, vernos en nuestra integridad y esto genera una capacidad muy distinta, mejor, para estar con otros. “Mucho más diferenciada, productiva y cooperativa con otros, mucho más identificatoria con las diferencias del otro y más seguros de nosotros mismos”, dice el especialista.

En  el libro de ensayos “ Para qué es la gente”, del novelista y activista ambiental Wendell Berry  habla del poder de la soledad, en comunión con la naturaleza, para luego volver a comunicarnos con los demás. Y dice: “Entramos en la soledad íntima, en la que también perdemos la otra soledad. La verdadera soledad se encuentra en los lugares salvajes, donde uno no tiene obligación humana. Las voces internas de uno se vuelven audibles. Uno siente la atracción de las fuentes más íntimas. En consecuencia, uno responde más claramente a otras vidas. Cuanto más coherente se vuelve dentro de uno mismo como criatura, más plenamente entra en la comunión con todas las criaturas”.

 

 

Basado en artículo de Martina Rua, para el periódico Argentino La Nación-