Papá Noel, Reyes Magos: Entre el relato y la realidad


Papá Noel, Reyes Magos:  Entre el relato y la realidad

La ilusión de l@s niñ@s puede empezar a  desvanecerse a partir de los 4 años

 

 

 

 

Los especialistas admiten que se ha adelantado la edad en la que se pierde la fantasía; el acceso a más fuentes de información también complica a las  madres y padres  que buscan mantener las históricas sorpresas de Nochebuena y Reyes.

 

Cuando cumplió cuatro años, Ana empezó con las sospechas, había cosas que no encajaban. La ausencia de chimenea en la casa, esos paquetes que encontró escondidos debajo de la cama de su mamá, que eran idénticos a los que le habían traído los Reyes . Además, una vez “metieron la pata”   cuando le pidieron que cuidara mejor la tablet que había recibido, porque era un regalo que les había costado bastante. “¿Cómo? ¿Por qué dices  que os costó, si  me la trajeron Los Reyes?, le cuestionó la niña a su madre.

En su psiquis, el relato había empezado a resquebrajarse, y antes de que llegara la siguiente Navidad ya hacía agua por todos lados. Dos años después, ella ya no cree. Perdió la fe. Igual, mantiene el relato, como un guiño de complicidad hacia l@s adultos, mientras sigan llegando los regalos, tal y como los pide, no revelará su descubrimiento ante los ojos de  su hermana menor, que ahora va por los cuatro años.

El hermano mayor, que ahora tiene nueve años, tardó bastante más en descubrir la identidad secreta de Los Reyes, y  hasta los siete ni siquiera se le ocurrió que su papá y el gordito de  traje rojo tenían un parecido evidente. Hoy, explican los especialistas, asistimos al fin de la credulidad en la primera infancia. Ya a partir de los cuatro años empiezan a sospechar . No significa que a esa edad dejen de creer. Pero se plantean antes que sus hermanos ciertas inconsistencias del relato.

Esas dudas son el preludio para el descubrimiento final, que ocurrirá tiempo después.

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Hay un adelantamiento de la edad de descubrimiento porque l@s niñ@s tienen acceso a más fuentes de información. Antes, los cuestionamientos empezaban en torno de los siete años. Hoy, cerca de los cuatro años ya empiezan a dudar   aunque  ese adelantamiento no implica necesariamente el descubrimiento final de la historia., Saben, a nivel inconsciente, que hay elementos del relato que no encajan. Lo mismo que  con el Ratón Pérez o con Papá Noel.

A edades más tempranas comienzan a cuestionarse la veracidad de la historia. Es un proceso de descubrimiento que terminará, tiempo después, con el fin del relato fantástico

Muchas veces, aunque l@s  niñ@s  empiecen a dudar de esta historia, son l@s adult@s los que a toda costa quieren mantener la ilusión. Tal como ocurrió durante las últimas semanas de clase, en los chats de madres: “Chicas, pídanles a sus hij@s, a l@s que saben, que no anden diciendo que Papá Noel no existe”, rogaba hace una semana una madre en un colegio, “Yo quiero que siga con esa magia. Lo disfruta mucho y a nosotros nos encanta que sea así”, pedía otra mamá. Las opiniones están divididas, aunque todas coinciden en que se debe respetar la voluntad familiar.

Una niña de cuatro años, se preparó toda la tarde para su encuentro con Papá Noel en un Centro Comercial, y  no se desilusionó, allí estaba Santa esperando su pedido. También estaban los duendes y los renos.

Todo fue perfecto. “Sólo una cosita”, le dijo a  su madre, cuando volvían : “La risa de Papá Noel es más lenta. Y son tres «jo, jo, jo», no cuatro”. Más temprano, le había surgido otra  duda: “¿Y por dónde va a entrar si no tenemos chimenea?”. La mamá le explicó que seguro los dejaba en la terraza, o en el balcón. Que le dejarían una ventana abierta. “Ella cree. No tiene dudas”, dice  su mamá.

La riqueza emocional de l@s niñ@s, su imaginación, se desarrolla a menudo a través de estructuras de ficción, en el cual el mundo mágico tiene un lugar preponderante. Su valor trasciende  lo religioso para ofrecer al niño una estructura de ficción que dé vuelo a su imaginación

¿Hasta dónde hay que sostener el relato?

Hasta el punto en  que no ponga en juego la credibilidad y la confianza en los padres y las madres , sin exagerar el énfasis.La ficción puede ser sostenida mientras funcione como un andamiaje para la fantasía ,  pero si  preguntara insistentemente sobre la realidad, quizá no conviene negarla.

Hacerlo sería descalificarl@ en sus propias percepciones.

Puede que sostener a Papá Noel pese a todo sea algo que necesitan los padres y madres  más que los propi@s niñ@s. La historia de Navidad tiene una función social, refuerza la tradición y estructura la psiquis del niño en el modelo normativo imperante. Lo introduce en la sociedad del premio y el castigo: si quiere regalos se tiene que portar bien.

 

 

De todas formas, l@s niños tienen una aguda capacidad de leer la realidad. Cuando empiezan a sentir que algo de esa historia no les cuadra, van a investigar y no van a parar hasta descubrir la verdad, no es bueno sostener el relato a costa de una mentira.

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Uno de los dolores de la infancia es sufrir la incomprensión o la mentira del adult@, que, con la mejor intención , cree que protege así del sufrimiento a sus hij@s,  pero puede provocarles  una gran desilusión.

Y no hay nada peor que sentirse decepcionado por los padres.

Una vez que empiezan las dudas,  hay que acompañar el proceso para que  descubra la verdad sin sentir que l@ engañaron. Es importante contarles  cuál es el  sentido de la Navidad, más allá de nuestra religión.