La enfermedad mental en España: cifras para pensar.


 

La enfermedad mental en España: cifras para pensar.

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Las enfermedades mentales son alteraciones del desarrollo cognitivo o trastornos de la conducta  que pueden afectar seriamente a la autonomía personal y al desempeño cotidiano de las actividades diarias. Frente a lo que suele pensarse – existe una percepción distorsionada de la enfermedad  -, su presencia en la sociedad es mucho más frecuente de lo que creemos.

De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, un@ de cada cuatro ciudadan@s tendrá que enfrentarse a algún tipo de enfermedad mental a lo largo de su vida (y esta cifra aumentará especialmente en Europa y en los países más desarrollados , donde la expectativa de  vida es mayor, a medida que la esperanza de vida aumente, la incidencia de determinados tipos de enfermedades mentales se incrementará significativamente en un futuro cercano.

Las enfermedades mentales graves como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o los trastornos de la personalidad tienen en común el hecho de que suelen aparecer al final de la adolescencia o a comienzos de la etapa adulta y que se caracterizan por ser crónicas.

 Frente a uno de los mitos más extendidos que asocia los trastornos mentales graves con acciones violentas o conductas agresivas, no existe evidencia científica que asocie este tipo de actos con personas que toman la medicación prescrita con regularidad, de hecho, el índice de delitos cometidos por personas con trastorno mental   es más bajo que el de la población general.

 

 

Las enfermedades mentales ya suponen más del 40% de las enfermedades crónicas diagnosticadas en España y además son la mayor causa de discapacidad.

 

La buena noticia es que, afortunadamente hoy en día, gracias al seguimiento de los tratamientos adecuados, el control médico y el apoyo de terapias psicosociales, se pueden mitigar y controlar muchos de los efectos adversos e incluso llegar a neutralizarlos.

 

En  cuanto a la situación de los profesionales y los recursos destinados a la atención especializada, las noticias no son tan buenas.  

 

España cuenta con ocho psiquiatras por cada 100.000 habitantes, según un listado de la publicación Bloomberg. Con esta ratio, nuestro país se sitúa entre los que menos especialistas tiene, en concreto, solamente tres estados de la Unión Europea tienen un porcentaje más bajo, son Malta (cuatro por 100.000 habitantes), Rumanía (4,7) y Chipre (6,5).

La sanidad española tiene una ratio de 4,3 psicólog@s por cada 100.000 habitantes, cuatro veces menos que los 18 profesionales por cada 100.000 habitantes que tiene de media la Unión Europea.

Entre el 35 y 50 por ciento de las consultas en Atención Primaria tienen detrás una” problemática psicológica”, sobre todo de tipo ansioso-depresivo. En este sentido, calculan que entre un 18,5 y 25 por ciento de las consultas son por un trastorno de ansiedad, y entre un 13,4 y 35,8 por ciento por un cuadro depresivo. A estos casos hay que sumar aquellas consultas por un problema físico tras las que hay problema psicológico( a mi entender todas las consultas tienen un aspecto psicológico que atender). Y si en adultos estamos mal, en las consultas pediátricas están peor, ya que de cada cuatro psicólogos sólo uno trabaja con niñ@s

Según órganos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, estas cifras pueden resultar  insuficientes para afrontar los nuevos retos que se plantean, por lo que parece evidente que se tendrán que realizar más esfuerzos de inversión .

 Para solucionar esta situación, se ha propuesto que, al menos, haya un/a psicólog@ clínico por centro de salud, siempre en función de la demanda y de la situación geográfica de cada centro.

La medida buscaría ayudar a descongestionar tanto las consultas de Atención Primaria como especializada, al mismo tiempo que supondría un ahorro ya que actualmente se gastan 22.000 millones de euros por no tener un sistema adecuado de intervención precoz, lo que da lugar a un mayor número de bajas laborales. En este sentido, recalcan que la ansiedad o la depresión son la segunda causa de absentismo laboral.

La implementación gradual de un plan nacional, como ya existe en el Reino Unido, Noruega, Estados Unidos o Australia, reduciría los tiempos de espera para recibir tratamiento adecuado, evitando a su vez complicaciones en la sintomatología del/la  paciente   la consiguiente cronificación y supondría un gran ahorro .

España cuenta con menos de cinco psicólog@s por cada 100.000 habitantes, mientras que un informe de la Comisión de Sanidad, Política Social y Consumo , ya en el año  2010 , señaló que harían falta 5.000 más, el número de psicólogos es deficitario y los recursos escasos.

 Las cifras hablan por sí mismas. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la media europea es de 18 profesionales en la sanidad pública para cada 100.000 habitantes. Por ejemplo, en países como Suecia y Finlandia se alcanza la cifra de 70 especialistas. 

La falta de profesionales  en la psicología de la salud también es  preocupante, es la  rama se encarga de tratar  psicológicamente a enfermos “no mentales” pero  cuya  enfermedad  y situación tiene , lógicamente, implicaciones psicológicas,  sería el caso, por ejemplo, de los enfermos de cáncer. Está la Asociación Española Contra el Cáncer, pero esto no es lo ortodoxo.

En el año 2006 el director del Plan Integral de Oncología de Andalucía propuso la contratación de personal sanitario de Psicología asignado a los servicios oncológicos,pero éste programa de atención en salud mental se quedó en nada.

La escasez de psicólog@s también afecta a las consultas de la Atención Primaria, donde se tratan los trastornos de ansiedad, depresión y somatización. No hay personal de psicología, los centros se nutren de los propios servicios de salud mental.

Desde hace unos años diversos países, concienciados de la importancia estratégica de dar respuesta al constante incremento de los trastornos mentales entre la ciudadanía, están implantando reformas sanitarias que priorizan la prevención y la intervención temprana en salud mental, mediante la incorporación de intervenciones psicológicas en los servicios de la Atención Primaria.

La incorporación de la figura del/la  psicólog@ a la Atención Primaria fomentaría una mejora en prevención y evitaría una cronificación de los trastornos mentales. 

Según la OMS, una de cada diez personas en todo el mundo padece algún tipo de trastorno mental. La demanda de salud mental es tan grande que los servicios especializados están saturados. Así, muchos casos no se derivan a este servicio sino que se tratan mediante fármacos. El tratamiento de patologías como la depresión mejoraría con psicoterapia, si un médico dispone de diez minutos para atender a un paciente, lo más normal es que recete un antidepresivo.

La psicoterapia es eficaz, requiere tiempo, recursos y personal cualificado. 

 Para acceder al sistema público, l@s psicólog@s tienen que especializarse y aprobar el examen de Psicólog@ Interno Residente (PIR). Esta prueba tiene el ratio de acceso más alto de todas las profesiones sanitarias. El pasado enero se presentaron más de 4.000 personas para 127 puestos a nivel nacional. , en los años de bonanza llegaron a ofrecerse más de 140 plazas, aún insuficientes, pero han disminuido con los recortes en sanidad.

Recaptitulando:

Los hospitales públicos españoles tienen menos de cinco psicólog@s por cada 100.000 habitantes, la media europea es de 18 especialistas, mientras que en países como Suecia o Finlandia asciende a 70.

Los pacientes sufren listas de espera de más de un mes y, ante la falta de psicólog@s, reciben tratamientos inadecuados sin terapia y a base de fármacos

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Un informe elaborado recientemente por la LSE, titulado How mental illness losses out in the NHS, (Sobre cómo la salud mental pierde posiciones en el SNS), advierte que los trastornos de salud mental comprenden cerca de la mitad de las causas de enfermedad de la población activa, siendo más incapacitantes que la mayoría de las enfermedades físicas crónicas.

Sin embargo, en lo que respecta a los tratamientos psicológicos, el acceso a los  servicios es muy limitado

Específicamente, el informe concluye que:

  • La ausencia de tratamiento psicológico para las personas con problemas de salud mental es el caso más evidente de desigualdad en el sistema sanitario. No ofrecer este tipo de tratamientos, de acuerdo a su demanda, supone una forma grave de discriminación,

 

  • Dado que si bien existen tratamientos psicológicos eficaces, las personas afectadas no pueden acceder a este tipo de recursos por no estar suficientemente disponibles en la cartera de servicios del sistema nacional de salud.

  • las terapias psicológicas,  permiten un alivio rápido de los síntomas de depresión o ansiedad, en más del 40% de los casos. Posibilitar que estos programas psicológicos estén más disponibles, señala el texto: 

 

“le supondría un coste mínimo o nulo al sistema sanitario”, dado que conllevaría un ahorro en términos de una reducción de las visitas al médico por parte de estos pacientes, así como en prestaciones por incapacidad.

En  España, los programas de intervención psicológica están aún muy lejos de cubrir la demanda de la población.

Tal y como manifestó el presidente de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES), José María Sánchez Monge: 

 

“es fundamental que el tratamiento psicológico deje de considerarse “un extra” en la atención a los problemas de salud mental y se convierta en un elemento más en la cartera de servicios y programas que se ofrecen tanto a los afectados como a sus familiares. En ese sentido, entendemos que la atención debe equiparar en importancia el tratamiento farmacológico y el psicológico”.

 

Por su parte, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publicó este mismo año un informe solicitando un mayor acceso a los tratamientos psicológicos y más especialistas de salud mental en los centros de Atención Primaria de nuestro país, ya que 

“los antidepresivos y tranquilizantes se prescriben en demasiados ocasiones, a pesar de que el tratamiento de elección para la ansiedad y la depresión debe ser la psicoterapia”.

 La OCU, al igual que la LSE, entiende que el coste de la generalización del tratamiento psicológico se vería ampliamente compensado con la reducción de las bajas laborales por ansiedad y depresión.

No obstante, y a pesar de la evidencia científica que avala el tratamiento psicológico en estos casos, el ahorro económico que supondría y la demanda realizada por pacientes, familiares y usuari@s de los servicios de salud,

los recortes económicos en sanidad, derivados de la actual situación de crisis económica, han ido en aumento y son más notorios en el sector de la salud mental, que sigue siendo la gran olvidada del sistema sanitario público.

(El informe completo puede consultarse en el siguiente enlace:How mental illness losses out in the NHS)

 

Más allá de las matemáticas, las cifras revelan un gran  problema de sanidad pública.

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L@s futur@os psicólog@s clínic@s han dado la voz de alarma en un país, cuya crisis económica ha agudizado los casos de enfermedades mentales , las plazas no han aumentado nada , aunque los problemas de salud mental se hayan disparado.

En este deterioro de la atención psicológica, a los pacientes los atiende el médico de cabecera y les da un fármaco, de modo que no reciben el tratamiento adecuado, según un  estudio del profesor Antoni Sicras-Mainar, 

“la sanidad española está tratando los problemas de salud mental casi enteramente con farmacoterapia”.

Cesar González-Blanch, presidente de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir), coincide con el diagnóstico de la situación y ofrece dos datos: “el 30% de las consultas de atención primaria tienen que ver con psicología, pero el 90% de ellas se quedan en esa atención primaria, que no cuenta con psicólog@s. De ese modo, solo un número muy pequeño de ellas llega a la atención especializada, que está saturada”.

Así solo los casos relacionados con enfermedades mentales más graves como, por ejemplo, la esquizofrenia, se atienden por especialistas, mientras que enfermedades más comunes como la depresión o la ansiedad acaban siendo tratadas solo con fármacos, las ‘pastillas’ sustituyen a la psicoterapia en vez de complementarla.

González-Blanch insiste en que

“se subestima la importancia de los problemas de salud mental pese a que es uno de los tres motivos principales de bajas laborales de media y larga duración”.

 

 Recalca que las sesiones de terapia deben tener una frecuencia semanal, de modo que si esa frecuencia es, por ejemplo, trimestral “es como usar una infradosis de un fármaco”. No sirve de nada.

 

 

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